Martín Buscaglia no necesita un horario fijo para transformarse en músico. La creatividad lo acompaña en cada momento, ya sea caminando por la calle o explorando los laberintos de su propia mente. «No es que me convierto en músico como Superman entrando en una cabina telefónica. Cualquier situación, por banal que parezca, puede derivar en una canción», cuenta desde Montevideo mientras se prepara para cerrar el año con una serie de conciertos.
El uruguayo lleva décadas en la música, con una carrera que inició en los 90 y que ha evolucionado sin perder su esencia. Desde el principio, sus intereses estuvieron claros: el groove, la fusión de ritmos uruguayos y brasileños, y una lírica poética que ha pulido con el tiempo. «Nunca tuve un disco donde estuviera buscando mi voz. Ya estaba ahí desde el principio, pero con los años aprendí a despejar el camino y usar mejor las herramientas», explica.
Su discografía también es un reflejo de los cambios en la industria. Su primer álbum salió en casete, grabado en un estudio tradicional. Luego vinieron los discos caseros y la autoproducción total. Más tarde, una etapa de colaboraciones con artistas como Kiko Veneno, Julieta Venegas y Lisandro Aristimuño, explorando el formato de dúo. Ahora, con más experiencia, se inclina por la sencillez: «Escucho discos míos con arreglos muy intrincados que ahora no sabría cómo volver a hacer. Hoy llego a lugares similares, pero con menos elementos».
Esa constante búsqueda también lo ha llevado a jugar con distintos sonidos y experiencias. Su inspiración es el entusiasmo puro, sin la presión de mantenerse vigente. «La música es como un amanecer. Puedes haber visto muchos, pero siempre emocionan. Me sigue pasando lo mismo con la música», dice con pasión.
Esa naturalidad está presente en canciones como «Lucho», inspirada en el futbolista Luis Suárez. «No es una canción para él ni para que la cante la hinchada. Surgió como algo íntimo, para cantar entre amigos». Sin embargo, al ver la despedida de Suárez de la selección uruguaya, decidió grabarla. «Las canciones más genuinas son las que más llegan al público», asegura.
Otro ejemplo es «Hablando de Roma», un tema que habla del amor como un estallido de euforia en lugar del romance tradicional. «Enamorarse también es emocionarse con una situación, con la luz de un día, con una esquina. Es mantener viva una llama, una forma de decir: hay algo aquí que vale la pena cantar». Este tema es una canción de amor, con un ritmo irresistible, que compuso y grabó con su compatriota Julieta Rada, una colaboración que estaba destinada a ser.
Con una visión de la música que mezcla intuición, exploración y misterio, Buscaglia sigue construyendo su camino sin perder la esencia. «Las canciones que más me gustan son las que contienen un enigma. Pueden tener distintos significados según quién las escuche, y eso siempre está bien».
Como un amanecer, su música sigue emocionando, una y otra vez.
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