Es probable que ni tus abuelos ni tus padres hayan sido testigos de la existencia del tigre de Tasmania. Pero gracias al trabajo de un grupo de científicos, puede que tus hijo o nietos si lleguen a verlo caminar por la Tierra.
Ochenta y seis años después de su extinción, un grupo liderado por Colossal Biosciences, en colaboración con el genetista George Church de la Universidad de Harvard, están decididos a invertir lo que sea necesario para recuperar a este animal.
El proyecto, de unas decenas de millones de dólares de presupuesto, planea revivir al Tigre de Tasmania utilizando células madre y tecnología de edición de genes. Aunque muchos dentro de la comunidad científico se han mostrado escépticos, el equipo de Colossal Biosciences, creado por el empresario Ben Lamm, afirma tener la capacidad de materializar su idea con éxito.
“Debemos proteger nuestra biodiversidad de nuevas extinciones, pero desafortunadamente no estamos viendo una desaceleración en la pérdida de especies. Esta tecnología ofrece la oportunidad de corregir esto y podría aplicarse en circunstancias excepcionales donde se hayan perdido especies fundamentales”, destacó el profesor Andrew Pask, involucrado en la investigación desde la ciudad de Melbourne.
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Para lograr esta hazaña, el equipo construirá un genoma del animal extinto. Partirán de algunas muestras de su ADN y lo comparará con el de un dunnart, un marsupial carnívoro que guarda ciertas similitudes con esta criatura.
El denominado Tigre de Tasmania desapareció hace 2 mil años en casi todos los rincones del mundo. Para 1932 solo podía encontrarse en la isla australiana de Tasmania. Era del tamaño de un coyote y es considerado como el único depredador marsupial que ha vivido en tiempos modernos. Aunque jugaba un papel importante en los ecosistemas, no era del agrado de algunos humanos.
Los colonos europeos que vivían en la isla fueron los principales responsables de su desaparición, ya que creían que estos animales eran los culpables de que muriera su ganado. Esto provocó que el tigre de Tasmania fuese cazado indiscriminadamente hasta ocasionar su extinción.
El último ejemplar de la especie del que se tiene registro murió en cautiverio en el Zoológico de Beaumaris en Hobart, Tasmania, en el año 1936.
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